AMIGO TIEMPO

El tiempo ha empedrado el camino de regreso. El tiempo y sus recetas, el tiempo y las calles, el tiempo y los rostros que vienen y van. El tiempo jugando al maestro que es. Y sí, todo es culpa del tiempo. Bendito seas, tiempo: porque ahora estoy más cerca de mí y lejos de lo que no era yo. Lejos de máscaras, lejos de mitos, lejos de gafas con aumento equivocado. Ahora juega conmigo, tiempo. Ten consideración y alarga la caminata que ahora emprendo, cuida de los andantes que sostienen mi mano, posterga las despedidas innecesarias y haz que lo que valga la pena perdure en ti.

REPRESA

Lo vi. Ese día se rompió la represa. Los recuerdos brotaron uno a uno, como esas gotas amorfas que se inventan figuras al traspasar los muros, en silencio, para luego producir un armónico glup al tocar el suelo.

El problema fue que no fueron dos sino cien o doscientos, en un segundo, como el golpe duro del hacha en la madera fresca. Inesperados.

Se vinieron abajo esas casas de campo esculpidas a mano.

Cualquiera habría pensado que tantos años de esfuerzo arrebatarían un gajo de compasión al tiempo, las termitas y a la historia. No fue así: metros y más metros cúbicos de historias,  llenas de furia y peso condensado no pararon, no debían, no querían, no sabían cómo no.

Ahí se borró todo: las esperanzas, los sueños, el hambre, la necesidad. Un cementerio natural. Así siguió el agua su cauce. Metros y metros de humedad y renovación. Debía ser así. Siempre se cruza el río con zapatos distintos.

Cazadores

Hay cazadores de instantes perfectos. No hay muchos de esos, de los dos, ni cazadores ni instantes. La habilidad del cazador está supeditada a todo lo que no depende de él. ¿Y cómo puede ser un cazador? Lo es porque nace siéndolo. Para los no-cazadores esos instantes llenos de eternidad pasan desapercibidos. Los otros, los afortunados, son unos sabuesos. Cuando se encuentran frente a uno, porque no son parte de él, sus sentidos se embotan. Un repicar de campanas se sincroniza con el latir del corazón y anula el tacto y el oído, luego, hay un vacío interior, un vértigo que cimbra el ser y por un nanosegundo experimentan TODO. Vienen las lágrimas cuando acaba: se desvanece la epifanía. Los cazadores no pueden vivir en el letargo que les deja. Siguen su vida como los no-cazadores aunque, por deber, un día encienden un cigarro y vuelven al recuerdo hechizo de aquél momento. Así, sin saberlo, hacen de su vida un ritual de la espera.

Progreso 1

Enlisto realidades:

Recuerdo el sellar de labios que sacudía como la luna que temblaba en el agua, así, como en el capítulo 34.

Maldigo las sonrisas enmarcadas de comisuras tensas.

Brindo por las palabras hirientes/absurdas que hoy no tienen eco.

Encuaderno peticiones que ya incluyen los padresnuestros.

Lloro dardos que dieron en el blanco.

Escupo sobre tumbas de vivos murientes.

Relamo los bigotes que deja la espuma en mi playa privada.

Duermo segundos que soñaba con dormir.

Fastidio, por placer y entretenimiento, a los parásitos.

Digiero cocinas del mundo sin moverme de lugar.

Canto sin la vergüenza de destrozar las indicaciones del pentagrama.

Vivo sin sentirme como en un juicio oral.

Piñatas

Han pasado meses. Ya no queda nada de aquello. No sé si eso es un alivio o treinta dolores de cabeza menos. Ahora solo quedan los horcruxes que meteré dentro de una piñata para terminar con la limpieza de la casa. Cuando lleguen las posadas me divertiré a lo lindo. He anticipado cien veces en mi mente lo que sentiré al golpear esa figurilla cargada de agua estancada (debe ser como cuando tiras ese calcetín que tanto te gusta, pero que de tantas remendadas ya parece plantilla ortopédica con ductos de aire acondicionado incluidos, y, entonces, ya no es un calcetín, es un desecho). Una vez que la vea destrozada en el piso, al recoger los pedazos, sentiré que cada uno es un trofeo: por resanar las paredes y barnizar los libreros que alguna vez fueron desayuno de las polillas.Y abriré la ventana. Para que todo siga secándose y entre aire nuevo, sin polen del que da alergia y asfixia el ambiente.

PECES

¿Puedes palpar la soledad? -me preguntó un niño de seis años. Su madre murió cuando tenía cinco. No supe qué contestarle. No sé a qué te refieres, le dije. ¿Has visto fotos del fondo del mar? A mí no me hacen gracia. No se ve nada. Así es como se siente la soledad. Es como cuando nadie te cobija por las noches. ¿Entiendes lo que digo? Abro los ojos y no está la mano de mamá, soy yo quien jala las cobijas y cuando veo alrededor, no veo nada. Siempre vienen a mi cabeza las fotos del fondo del mar. Mi papá es marino. Sabe mucho del agua salada. Dice que es fría. Así se siente la soledad: fría. No supe cómo continuar con la charla. Supongo que tienes razón, le dije carraspeando. Se puso de pie y no despegó la mano de los cristales del acuario mientras se alejaba caminando. Me pareció que acariciaba a su madre. Fría, oscura, rodeada de peces-pensamiento.

COMUNIDAD

Anhelo y deseo de esos días. Mágicos, en comunión. Éramos una comunidad. Una fotografía perfecta. Sonrisas, lazos, velos sin descubrir. Sentido de pertenencia. Rueda que giraba porque sí. Ondas de agua que se perpetuaban en los diálogos. Corazones palpitantes llenos de ingenuidad y soberbia. Palabras grandilocuentes. Pasados compartidos. Llagas vivas. Miedos atroces, pero en comunidad, ¡en comunidad! Prestos a cruzar la trabe que conducía al mundo, al monstruo seductor que terminaría con figuras preconcebidas. Al final, al cruzar el puente, la diáspora. No más comunidad, al menos, concéntrica. Y la rueda gira porque sí.

LABIOS TÍMIDOS

Labios tímidos. Llenos de carne tibia, casi adolescentes. Poco gastados. Nerviosos y dispuestos. ¡Qué nerviosos! Como cura para leproso. Gratuitos, genuinos. Como una lanza de empatía.

Y este recipiente tan lejano, tan ausente, casi fantasma. Superposición de experiencias, de tactos, de alientos. Espejos interiores que buscan reflejar y no encuentran el ángulo, no encuentran la luz. 

La puerta abierta donde nadie es bienvenido. Y de un momento a otro, cambio de frecuencia, no signal, Houston.

INVIERNO

Y sí. Un pestañeo y de nuevo, sí. Tres páginas atrás y sí. Colapso de años en segundos, sí. De pronto el tiempo tañe, y luego, el rocío de reflexiones marchitas. ¿Qué fue de aquél sí? Nadie responde.

Dijeron que el invierno se quedaría para siempre. Nadie se detuvo. Nadie buscó cobijas para sobrellevarlo. Todos confiaron en la flama débil, azul, cada vez más sin aliento.

No llegó el invierno. No hizo falta. Brotó lo que siempre estuvo ahí. Cadena oxidada, lastre en esencia, yugo interior.

Seis páginas adelante, ya no hay rastro. ¿Hablaron de eternidad? Jamás la conjuren. Jamás los perseguirá.

Primavera, no vuelvas. ¿Por qué te fuiste? Despojos dejas. Cruel.

Invierno, troca en agua el hielo y ven.

LA MURALLA

No diré que no me duele. Tampoco puedo decir que es un dolor que mata. Menos aún, que es constante. Es intermitente, como todo en su momento lo fue. 

Aridez, pasión y luego… nada. En eso se convertirá el TODO que algún día tuvimos. ¿Cuánto lo tuvimos?: el tiempo previo a que cerraras la puerta, a que simularas, a que tu voluntad fuera el volante. ¿Tuve que ver en eso? No. Elegiste no elegirme. ¿Tenía el poder de vetar esa decisión? No. ¿Que por qué te conferí ese poder?: porque quise jugar el papel del débil, del que comprende. ¿Que si me parecía racional? No, jamás. ¿Que si estaba ciega? Miope no es lo mismo que ciega. ¿Que qué tan buena fue mi actuación? Excelente. Tanto, que me asumí como tal. Me consagré. ¿Que si me arrepiento? No. ¿Que si guardo una esperanza? Ya no. ¿Que si te perdonaré? Sí. No hacerlo es llevarte en el bolsillo.



Qué fácil terminó todo. ¡Hasta nunca! -te dije. Y luego sepultaste el momento con una orden: ¡Olvídate de mí! Posiblemente el último beso en la frente fue el más sincero en años: desnudo de intenciones y el primer ladrillo de la muralla que jamás nos atrevimos a construir cuando era hora...

Recuerdo del último nombre

Era la primera vez en veintidós años que notaba que el ojo izquierdo estaba mejor protegido por aquellas pestañas. Casi al final del párpado derecho, la tierra era estéril. ¿Sería por aquella vez que forcejearon y la contuvo hecha un mar de lágrimas al escuchar la noticia de la muerte de su padre? ¿O cuando su hijito manoteaba jugando y sin querer encajaba sus uñitas con torpeza mientras balbuceaba unas cuantas sílabas y sonreía al patalear? ¿O…?

Dejó de hacerse preguntas. Quizá así había sido siempre, pero había pasado desapercibido aquél detalle. Conocía sus lunares, canas y cicatrices. Creía que había sido el descubridor de aquél ser, de ese cuerpo de ninfa. Sin embargo, tenía que reconocer que hacía años que ya no se sentía sorprendido por esa mujer implacable que bastaba lo mirase para reafirmar su existencia.

Al principio todo fue felicidad, sembrar ilusiones, admiración: por sus talentos, por la frescura con la que se desenvolvía y la autenticidad con la que empapaba las conversaciones. Pasó el tiempo, y la magia se volvió paisaje; los trazos firmes que antes pintaban la vida, eran ya acuarelas al sol, casi borradas, imperceptibles.

¿Qué sentido tenía entonces seguir anclado a ese muelle que rozaba casi el medio siglo? Tomó un puro, deshizo su sabor en la boca, hasta que las papilas exigieron ser liberadas de aquella atmósfera bohemia y poco usual. Era un retirado del alquitrán y la nicotina; pero tanta melancolía no podía sugerir otra cosa. Lo apagó, tampoco tenía tiempo ni humor para hacer metafísica del humo.

No quería el divorcio, incluso ese concepto le parecía hueco, inaprensible. Era para él el apellido de la soledad queriéndose apoderar del nombre. Había escuchado infinidad de veces las razones por las que conocidos, hermanos, o parientes lo habían encontrado solución.

A él le parecía que aquella mujer, no merecía llevar otro apellido que no fuera el que estaba escrito en su acta de nacimiento. Y que el acta de matrimonio ya era demasiada formalidad como para pasar por otro proceso legal para volver al nombre original. ¿Qué sentido tenía eso? Al final era sólo el nombre lo que cambiaba. ¿O es que las personas no van de aquí para allá, se mueven y no vuelven a ser las mismas?

Eso del amor y la entrega comenzaba a parecerle un dogma. ¿Quién podía comprobar su efectividad y esa estúpida necesidad de vivir bajo el cobijo de sus términos? Nadie.

De pronto sintió unas ganas inmensas de volver a mirarla a los ojos para desvelar cuanto enigma podía todavía estar oculto, pero no se atrevió. La miró de reojo. Su cintura ya no era acentuada, y sus ojos se desbordaban en bolsas que noches insomnes se encargaron de construir. No sabía si esa mujer era la misma que años atrás lo había herido en lo más profundo y lo había vuelto esclavo de no sabía qué.

Quería tener el valor de ponerse en pie y preguntarle a dónde se había ido aquella mujer. Estaba confundido, sabía que era ella, pero una parte de él no reconocía que pudiera ser ella. O no quería aceptar que había agotado su creatividad y el abismo del confort había alejado sus ojos de los de ella.

Tenía que pensarla con palabras como: ella, aquella, mujer. Estaba ya tan desligado de ella que… no podía recordar su nombre. La llamaba “amor” y no justamente porque esto lo remitiera a algún sentimiento dulce, era algo amor-fo. Y era el principio de lo indefinible. Era ambiguo, y aunque lingüísticamente no tenían relación, a él le hacía sentido jugar con las palabras, al final todo se trataba de eso: de nombrar.

Él era uno de esos tipos que habría empeñado su vida por defender que todo se conoce por su nombre, y que más allá de eso, nada hay. De esos que piensan que un apellido define a la persona, y que el no poseerlo, lo desampara del mundo, o al menos, así fue como se llegó a él, y hasta para la ley es innegable.

¿Quién era él respecto de aquella mujer? ¿Su marido, amante, compañero? Todo era confuso. Recordaba que su nombre era Xavier Iturriaga, pero más allá de eso, no podía reconocer a nadie. Sabía que Xavi era su hijo porque lo llamaba "papá" y un papá es alguien que engendra un hijo. Era el nombre lo que volvía a salvarlo de ese desligamiento.

¿Cuánto tiempo llevaba así, sin la menor relación con algo más que las palabras? Miraba de aquí a allá, y cada vez que sus ojos se detenían, algo venía a su mente: silla, mesa, mantel, candelabro, velas, focos, fotografías, chimenea, alfombra, y luego, después de nombrar cada objeto, llegó a ella, y no pudo decir nada más. Parecía tener un déficit de información. ¿Por qué justo cuando llegaba a ella su cerebro parecía apagarse? ¿Qué tenía aquella mujer que le atrofiaba el paladar y la mente?

Intentó balbucear su nombre mil veces. Desempolvó cuanta imagen carcomida quedaba en él: la podía ver más joven y tenía la sensación de que era alguien con un nombre, tenía su nombre en la punta de la lengua, abría la boca como queriendo escupir unas sílabas que le dieran el ser a aquella mujer. Se dio por vencido.

Cerró los ojos y le pidió a Xavi que encendiera el radio. Tarareó un par de canciones, y de pronto, ella pasó frente a él para sacudir el estante de libros que había en la sala. Se quedó atónito, iluminado, vulnerable ante ese ser que parecía tener un nombre más glorioso que cualquier otro. La miró, y de pronto, sintió que algo le oprimía el pecho, cerró los ojos y su corazón se detuvo.

Xavi y Gloria lo visitan cada mes en su tumba. Su epitafio fue la última frase que encontraron en su agenda: "Aquí descansa quien en el último momento recordó el nombre del amor".

Silogismos arbitrarios

Encontré este archivo entre mis cosas. Es del 2009. ¡Qué cosas me hace recordar!

Dicen que los escritores son buenos amantes. Al menos, así es el mío: buen amante y escritor. Cuando me ama, escribe. Busca en mis ojos soluciones a tramas inconexas. En mi piel no hace más que plagiar Universos. Universos de otros, que desconozco, que él me revela. En sus labios encuentro finales improvisados.

Quizá es tan buen amante porque antes alguien le enseñó a amar, y me arrebató esa tierra virgen: novelas, cuentos, cantos, películas, no sé; pero a cambio de esa enseñanza, sin saberlo, quedó esclavo -un látigo lo hostiga: escribir... y no sólo eso, la crueldad de su esclavitud no tiene tiempo, no respeta el sueño y se detona con cuanta agitación lo llama, como lanza que provoca al esbirro- y por eso soy cauce, quizá no manantial, ni premisa, ni verbo, sólo instrumento de su pluma, instrumento viviente, contenedor de ideas, y creación suya, al fin.

Lo inquientante no es ser producto suyo, sino si ese amante es sólo mío, o si la humanidad contenida en él también soy yo.

No existe nada más enigmático que un roce o un susurro. Son electrochoques que recorren mis riachuelos nerviosos y me vuelven esclava, que nos vuelven esclavos: de la pluma, del apetito, otra vez.

Él tiene un nombre, pero al amarme, lo esconde. Quizá por modestia, vanidad, o simple pragmatismo. No firma sus caricias con jotas, ni los apapachos con eles. Podrían ser eñes, o us, o eses, qué más da. Cuando menos espero, ya ha arrasado con cuanto pensamiento podría hacer dudar de su intención. Quizá ese es el secreto de un amante escritor: imagina y crea mientras vive y ama, para luego grabarlo en un papel, y así, jactarse de cómo puede, de manera deliberada, sacudir al mundo entero con una noche anónima y al mismo tiempo, suya.

Todo esto para decir que los escritores son buenos amantes. Un silogismo -¿silogismo?- arbitrario. Quizá puede ser válido y verdadero si, sólo si, los escritores conjugan y vuelven tres a un solo verbo.

Y luego quedan cabos sueltos: a) si un hombre no miente mientras ama, no es hombre, es máquina; y b) nada de lo anterior se sustenta. Por lo tanto, nada podemos decir al respecto de la frase "los escritores son buenos amantes". En el mejor de los casos, se podría establecer como una premisa a comprobar de manera práctica y no teórica.

A eso de las diez

Cuando miro el reloj, aún en la oficina, a eso de las diez, me dan unas ganas tremendas de sacar los millones de guiones y diálogos que se han acumulado en mi cabeza, en un rincón cerca del oído izquierdo, que es el que peor capta el sonido de las palabras, los pasos y la música.

Si ese oído mío hubiese aprehendido todo en el sentido correcto, posiblemente las palabras que se han quedado atoradas en ese rincón serían otras. No serían guiones, sino telegramas, porque no habría mucho que escribir.

¡Condenado tímpano! Juega a ser cupido, escritor y conserje de mis pensamientos. ¿Tengo que ver yo con que el oído derecho se resista a ser su colega? Y de ahí, los mareos y el vértigo, y los males del corazón, también.

PAC PAC

Hoy fui al teatro a ver una obra para niños de preescolar, se llama Pac Pac. Me sorprendió la sensibilidad para tocar un tema fortísimo: el abuso sexual y la violencia infantil.

La obra tiene su propio lenguaje y toda una simbología de las emociones además de una musicalización acorde a cada uno de los sentimientos de los personajes. Creo que es una obra maestra.

¿Se imaginan lo complejo que es plantear el tema a un niño de 3 o 4 años?

Vale la pena verla.

No saben lo impactante que fue ver a los pequeños advertirle a Pac Pac sobre el pulpo malo, cómo se contagiaban la alegría cuando flotaban las burbujas y cómo volteaban a ver a sus padres al reconocer el sentimiento más anhelado: el amor.

¿No nos impacta cómo unos títeres simplísimos pueden representar la tragedia humana?

Les dejo un link para que se echen un taco de ojo. No sólo ilustra a los niños sino a cualquier persona haya convivido con alguien con estas heridas.

No puedo describir todas las emociones que despertó en mí. Lo que sí sé es que no me queda duda de que el arte, cuando es arte, realmente remueve al corazón.

http://www.youtube.com/watch?v=-rXnWuBBVd8&feature=related

Cemento

Luz, poste, luz, poste, bólido, ráfaga de luz, poste, señuelo de luz, bólido, poste. Y así kilómetros de cemento y luces. Se ha puesto de moda el gris y el verde se utiliza como parche.

He llegado a pensar que tanto asfalto asfixia el alma, que tantos conciertos de mofles agotados sepultan ideas y que la inmensidad es el aislamiento extrapolado.

¿Cómo no preferir el gris si los horarios, traslados y ritmo de vida nos conducen a eso?: vivimos en oficinas, coches y salimos cuando no hay luz para volver cuando una cama nos espera, sin luz.

La ciudad es un reflejo de sus habitantes. Si pudiéramos traducir la proporción de calles, pavimento y casas en una gráfica circular, seguro acapararían el 95% del total. No hay parques suficientes, árboles, no hay verde.

El verde que sobresale es ese chillante que parpadea cuando tienes derecho a seguir tu camino.

Este monstruo de cemento deshumaniza. Todo es para él y nada para nosotros. ¿No se supone que nosotros lo creamos? Adivinaron, somos las pulgas de un Frankenstein.

No habitamos en un lugar pensado para humanos, sino para máquinas.

¿Calidad de vida? ¿De qué sirve poder comer en un buen restaurante el fin de semana si de lunes a viernes vendes tu alma a un salario? ¿Y dónde queda el tiempo para vivir? ¿En qué momento el Estado se tomó tan en serio eso del Génesis de trabajar la tierra?

No entiendo esta lógica. ¿Trabajar más para vivir menos? ¿No habíamos superado ya eso del hombre-máquina? ¿Para qué tanta tecnología si no se traduce en el beneficio de la mayoría?

¿Por qué cuando escribo esto sé que por lo menos hay más de ochenta millones de personas en este país que jamás podrán leerme porque no tienen Internet? (y quizá 30 millones de esos ni siquiera tienen un pan en su estómago)

¿Qué demonios es la urbanización y el siglo XXI? Que alguien me explique.


Acertijo

Hace mucho que no resolvía acertijos. Un amigo me lo envió y me divertí mucho.

Recomendaciones:

1)Haz una pausa en tu trabajo y descansa con esto.
2) Utiliza diferentes hojas, puede ser de utilidad.
3) Cuando tengas la respuesta, envíamela por DM en Twitter.


Tenemos 5 casas de cinco colores diferentes y en cada una de ellas vive una persona de una nacionalidad diferente.Cada uno de los dueños bebe una bebida diferente, fuma una marca de cigarrillos diferente y tiene una mascota diferente.

Tenemos las siguientes claves:


El británico vive en la casa roja
El sueco tiene un perro
El danés toma té
La casa verde esta a la izquierda de la blanca
El dueño de la casa verde toma café
La persona que fuma Pall Mall tiene un pájaro
El dueño de la casa amarilla fuma Dunhill
El que vive en la casa del centro toma leche
El noruego vive en la primera casa
La persona que fuma Brends vive junto a la que tiene un gato
La persona que tiene un caballo vive junto a la que fuma Dunhill
El que fuma Bluemasters bebe cerveza
El alemán fuma Prince
El noruego vive junto a la casa azul
El que fuma Brends tiene un vecino que toma agua.

La pregunta:

¿Quién es el dueño del pececito?

COLMOS

Odio la sensibilidad mexicana. Las correcciones resultan ser agresiones. La incompetencia e inseguridad son el escudo perfecto para chingar a quien no se alinea.

Zé. Estoy enojada.

Por notar y "denunciar" el uso del inexistente verbo "requisitar" me gané un regaño argumentado de la siguiente manera:

1) Usted no debe cuestionar el magnífico estilo burócrata en el que las reglas de la RAE son las últimas en ser consultadas, en cambio, El rincón del vago respalda todo "lo que" redactamos; además, el portal de la SEP utiliza el "término".

2) "Es de que vamos a la vanguardia del lenguaje"- sostuvo. (A ese paso el dequeísmo se convertirá en la preposición por excelencia)


2) Usted discrimina y falta al respeto a los servidores públicos al no ser barroca y lambiscona. (No lo dijo así, pero si no pido las cosas "de favor" soy agresiva)


Bendito México. Si esos son los que sirven y gozan de sueldo de más de $30,000 porque son "jefes" y tienen "esperiencia"... estamos fritos.


UN PAÍS DE LOCOS

No sé ustedes, pero a mí me da la impresión de que estamos "evolucionando" a la desconfianza vitae (sí, me invento un término y muy chafita).

Si alguien propone, los demás descomponen. Yo sé que la reforma que propone Calderón no es la única que ha surgido en los últimos años, quizá es un refrito retorcido de otras y además se le puede cuestionar tooodo lo que miles de columnistas y articulistas han dicho. El punto es el siguiente: ¡es hora de reconstruir este país!; no de deconstruirlo. Eso es lo único que hacen los partidos jalando cada uno para su gallinero y no hay nada de filosófico en su heroica repartición del pastel. Intentan parchar y arar parcelitas que al final se pudren por falta de una visión holística y falta de recursos. La Madre Tierra sabe vengarse...

Lo que necesitamos es sacrificar/(erradicar, más bien) la comodidad que nos otorga el ser mediocres, mamadores de recursos, y lo peor: autómatas indiferentes. Ya estuvo bueno de recurrir a Papá Gobierno, de crear partiditos so pretexto de la representación de minorías y usarlos como maquinitas generadoras de recursos, de prospectar candidaturas, pactos con empresarios, abonitos milagrosos a las cuentas bancarias y viáticos inverosímiles por posar las asentaderas un par de días al mes en una curul.

Por eso este país está así: porque nadie ve más allá de sus pobres ojos que parecen estar contaminados de una suerte de estrabismo porque nomás no captan la realidad de manera periférica. Su universo se limita a intereses mezquinos.

¿Cuál es la solución? El sentido común y una narrativa que impulse a esta nación (¿nación?) hacia un futuro menos que desdibujado. ¿Existe un proyecto común? No. Somos un milagro. Pero los milagro se acaban. Si los partidos no dejan de ver sólo sus palomitas por grabar/gravar y no intentan hacer a un lado su afán de pintar al país de un solo color, entonces estamos condenados a lo que ya vivimos: la ingobernabilidad.

¿Por qué no someter a juicio la competitividad de los funcionarios? ¿Por qué no modificar el sistema electoral? ¿Por qué no enfrentar a los monopolios? ¿Por qué no buscarle un sentido a la palabra México?

Espero sus comentarios.

CRÓNICAS DE DESESPERACIÓN

ENERO:
Julia llega al Defectuoso. No tiene casa/cuarto/depa/costal.  Encuentra un letrero en el departamento de Housing y decide vivir con 5 desconocidas. Es práctico, el lugar está literalmente a 2 minutos de la universidad.

FEBRERO: 
Todo va bien. Ya hasta se hacen llamar "las roommies". Unas son dulces, otras muy cabronas, y Julia es la grinch. Parece que será una familia feliz. 

MARZO: 
La cosa está bastante normal. Lo único no normal es que Julia usurpa el baño de una de ellas porque el casero no ha terminado de construir el baño. No hay disputas por eso, hay comprensión.

ABRIL:
"No te pago la renta si no terminas el baño". Palabras chantajistas que Julia tuvo que pronunciar para tener un baño propio. Comienza  a notarse algo irregular en el departamento. Son vacaciones,  así que cada una se va a sus lares.

MAYO: 
Poco a poco la gente se va, -por fin de semestre, fin de contrato-. Se va una. Llega otra. La dinámica cambia. Hay carne asada por el cumpleaños de Julia y el departamento termina atascado gracias a los amiguitos del novio patán de la nueva roomie.

JUNIO:
Ya casi se termina el semestre. Julia recomienda a la  RMF (roommate  mula en el futuro) para que trabaje con ella en OMCIM. Realmente no fue muy eficiente, el trabajo en equipo no existía. Total, el chiste duró dos meses.

JULIO: 
Algo anda raro en el depa: resulta que el casero no es el dueño y le debe todo el año a la dueña. Seguramente las correrán a todas. Parte la regiomontana a su tierra. Después la de Hidalgo.

AGOSTO: 
Julia habla directamente con la dueña. Casualidad, karma, azar, lo que gusten. La Sra. llegó un día de improviso y estaban a punto de darle en la madre a la ventana de la sala para ventilar otro cuarto hechizo. Corrió al chalán. Y se puso al corriente de la cuestión del subarrendamiento clandestino. No era sólo ese depa: ya había hecho el mismo fraude en 5 departamentos más en el mismo condominio.  Ah, el cuarto de Julia es hechizo, hay que aclararlo.

SEPTIEMBRE: 
Julia se muda al cuarto no-hechizo que dejó la roommie de Hidalgo. Ya sólo quedan dos mujeres en el depa, y un hombre hermano de una de ellas que no es Julia. Comienzan a acrecentarse las rispideces. Se determinan días de lavar ropa, y no se respetan. A Julia le pagan con la cuenta de "RMF" y ella siempre niega el pago cuando ya está. Le encanta hacerla esperar una semanita. Como si la vida esperara para pagar.... Julia recibe la primera notificación de la demanda contra el casero. Evidentemente tampoco hay Internet, pero se hace amiga de los vecinos, -sin querer y sin afán utilitario porque lo que quería era negociar el pagar la mitad- y consigue que le den el amado WEP  gratis a cambio de una suerte de soporte técnico y de pasarles toda la primera y segunda temporada de The Big Bang Theory.

OCTUBRE:
Julia descansa. No tiene que bañarse en  los baños comunes de la alberca del condominio. Puede cantar en la regadera bajo el agua caliente salitrosa de Guanajuato.  Lleva 2 meses sin gas, porque la deuda asciende a $16,000 pesos que el pelado del casero tampoco ha pagado. La demanda sigue en suspenso.  Ella mientras tanto, está trabajando en el Cervantino. 

NOVIEMBRE: Julia recibe la orden de desalojo. El departamento ya está en manos de la Sra. Ahora a negociar para que sólo se lleven los triques del pelado (que son casi que tres calcetines roídos) la RMF había pactado intercambiar el depósito que el pelado no pagaría por el refri y la lavadora. Ella ya gastó ese depósito en renta, pero aún así se quiere quedar con ellos, porque su vida no es digna. También le gusta despertar a Julia si ella tiene una cuchara, plato o vaso que ella puede utilizar para darle de comer a los 5 inquilinos que sin pedos ha invitado a vivir.

Eso es lo que hay...

¿Te cae que no “producteas”?

¿Qué es un producto? Según la RAE: cosa producida. Caudal que se obtiene de algo que se vende, o el que ello reditúa. Cantidad que resulta de la multiplicación. Valor de todos los bienes y servicios obtenidos en la economía de un país en un período de tiempo dado.

Como vemos, está íntimamente ligado con verbos como vender, comprar, producir, intercambiar, multiplicar… En ese sentido, no me parece tan loca  la lógica de tener miles y miles de productos en nuestras casas. Si pudiéramos hacer una lista de todo lo que hay en ella, no terminaríamos.

Incluso nosotros somos un producto, ya lo decía Vicente Verdú en uno de sus libros, ahora los sujetos, somos sobjetos, productos, seres con precio, mercancías con sensiblerías incluídas.

¿Qué es el trabajar por un salario?:  ponerle un precio a las capacidades. Nuestro trabajo produce productos, incluso esto que lees es producto de productos —intelectuales, históricos, culturales, literarios, sociológicos— ad infinitum.

Quizá estemos cansados de tanta campaña anticonsumo, antiproducto, que al final utilizan productos para  denunciar a los malos. Seamos claros, este mundo es tremendamente sistemático, tedioso y causal: todo resulta de otro algo, y ese algo resulta en otro algo.

El problema no es la acumulación de productos, o la obsolescencia  con la que creamos los productos. El problema es el añadido que ponemos a los productos: esa etiqueda de indispensable, de que “todo justifica los medios”. Para muestra, los programas del FMI, del BM, los tratados de libre comercio, donde generalmente el producto es más barato para unos que para otros, y ese adjetivo de libre es un tanto ambiguo.

La economía, países, personas, productos, son una consecución de matrushkas: que  envuelven unas a otras, unas dependen de otras… Yo te doy maíz, y tú me das algodón; yo petróleo y tú aceite; tú títere, y yo titiritero…

¿Tú cuánto cuestas? Me parece una propuesta interesante de Olallo Rubio, aunque no comparto absolutamente su visión. Para que exista una dialéctica económica en la que uno es el que jode, y otro el jodido, ambos deben querer jugar su rol. Entiendo que la economía es sucia, y que la política internacional no es justamente un intento de mantener la paz por la paz, sino  algo así como la paz por medio de “lo que sea necesario”: hambrunas, pruebas de medicinas en humanos, mutaciones, radiación, carrera armamentista, actitudes punitivas en los acuerdos comerciales, esclavismo manufacturero, bla, bla, bla…

 

Tú y yo somos productos, consumimos productos, escribimos productos, vestimos productos… Seamos productos de calidad, compremos productos de calidad, a precios reales, seamos productos autoproducidos —con su inevitable sello de producto antecesor—, no productos producidos por la industria. No me gusta tener código de barras en la frente, prefiero una etiqueta hecha por mi propia mano… ¿Te cae que no “producteas”?...