BOSQUE Y SUSURRO

En el bosque, se ahogó el susurro

el susurro, se anidó en el bosque

el bosque y el susurro,

el bosque y el susurro,

¿A dónde, a dónde?


El viento caza susurros

los lleva a mitad del bosque

el agua los baña cuando pasan,

cuando pasan envueltos de aire.

El susurro no está sin el bosque

sin el bosque el susurro no nace

sin el agua, el susurro no vuela

sin el viento, el susurro revienta...


DE TOUR POR LA CIUDAD

Uno se sube al metro, y ve de todo: pesadez, angustia, cansancio, alegría, sudor, hasta los olores se ven.

Llegué al Palacio de los Deportes, esperando analizar algún fenómeno del espectáculo que suele prometer mucho, y al final, siempre desemboca en la nada, en la vaciedad más absoluta: sexo barato.

El costo de esas entradas es de $200 pesos. Creo que es mejor caminar por Tepito, y uno observa exactamente lo mismo: juguetes sexuales, prostitutas con chancro, travestis con trasero del tamaño de una sandía (¿Cómo es que logran sentarse?).

No gasté mis pupilas ni mi afán de escrutinio. Volví al metro, junto con Héctor (un compañero que mide 2 metros), y decidimos vagar por el centro de la ciudad.

Fuimos a la Feria del Libro del Palacio de Minería. Hay buenos libros. Me quedé con ganas de comprar algunos, ya que tenga dinero, lo haré.

Otra vez tengo gripa, ¡maldita sea!

Reanudación del espacio

Estimados lectores, perdón por la desconexión con este espacio. Ya pasaron las vacaciones, las fiestas, las carteras vacías y los bolsillos llenos de tickets por pagar... Feliz inicio de año.

Últimamente he andado de un lado a otro, de ciudad en ciudad, de colonia en colonia, de casa en casa. Incluso he pasado 7 horas en un sólo día en camiones urbanos y metro. (Todo sea por JM)

Por fin me he instalado en mi cuchitril, (en el que viviré este año). Todo marcha bien. ¡Salud, vida!

Hoy leí "Señora de rojo sobre fondo gris" de Miguel Delibes. Quien me dio el libro, tenía razón: podría ser mi caricatura o yo ser la caricatura de la protagonista, ya no sé...

Lo que sí sé, es que por fin estoy en mi amada ciudad, rodeada de edificios, ruido, smog, y mucho asfalto por pisar, por recorrer con mi pie izquierdo que sigue causando molestias de vez en vez...

Nos vemos pronto...

Hoy

Su ufana vida: postigo para el mundo.
Luego, llegó Él. Los cristales dejaron de ser grises, y el mundo ya tenía, por fin, un reflejo fiel.
El tiempo, escaso como suele ser, ahogaba, los ahogaba, la ahogaba.
Y ella, sigue custodiando la ventana; para que todo, incluso, "eso", no turbe el interior.

La cancha de squash

Y de pronto, uno se da cuenta de que lo más inesperado es lo factible; que lo menos probable, es lo real, y de que lo inverosímil, es, al final, lo que hay.
Uno desgaja ilusiones, y ellas se encargan de encarnarse.
Viene la melancolía, luego la aceptación de una perra realidad desesperanzadora, pero ardiente y redentora, si así se desea.
A veces, dan ganas de extirparse las emociones, para que no entorpezcan el camino, pero, entonces, ¿dónde está la vida? Y vuelve el monólogo en el que ella es la pared de una cancha de squash. El eco brincotea por el techo, luego se arrastra en el suelo como limando los pedazos inconclusos de sentimientos a medio morir, y al final, se ahoga, y no resulta en nada, sólo en el enfermizo juego de evitar la confrontación y la desnudez de las ideas...

EL DEBER DEL CIUDADANO

Hace días que no vengo por aquí. La vida me ha dado gratas sorpresas, dedicaré una entrada a ello.

Por ahora, les dejo una reflexión de Manuel Gómez Morín. Independientemente de la línea de este señor, hoy leí un compendio de fragmentos (de él) que hacían alusión a distintos temas, (fue durante una espera, de esas que uno no desea, pero se dan). Volvió a mí ese afán de lucha, de ideales adormilados por la usura del poder que nos maneja. Se los regalo:

El deber del ciudadano:

Oficio complejo y no exento de molestias y de riesgos profesionales, entre los que no es ciertamente el mayor el de tropezar con los pistoleros físicos o intelectuales del régimen. Oficio que toma tiempo, que arranca del hogar y del trabajo, que merma ocasión de otras más placenteras o aparentemente más altas tareas. Informarse de las necesidades y de los problemas comunes, juzgar de proposiciones, ofertas y programas; participar en deliberaciones, alzar justas protestas, extender o soportar proselitismo, tolerar y saber que hay que hacerse tolerar, tomar la carga de decisiones difíciles y de trascendencia. Y también cuidar del padrón, hacer cola en las casillas, pelear contra los ladrones de ánforas y de votos; ser candidato, hacer campañas, defenderse en colegios electorales inicuos, ser munícipe contra el gobernador que se roba los ingresos del Ayuntamiento y abre veinte cantinas por cada escuela, ser diputado durante tres años y machacar, desdeñando provocaciones, desnudando mistificaciones y falsedades, contra un muro que ni siquiera es de incomprensión o de genuina discrepancia intelectual, sino de sumisión infrahumana.
Ese es el oficio que debemos aprender y practicar, porque en él, sólo en él, se cumple el deber ciudadano. Como todo oficio, no siempre parece tarea levantada. Se oculta su dignidad a quien olvida cantero que con los ojos puestos en su trozo de piedra, está labrando la Catedral, o el batidor de lodo y paja que construyó "con adobe mexicano" el prodigio de gracia de nuestros templos.


Informe de la Convención Nacional, México, D.F., 25 de febrero de 1949. En Diez años de México, p.p. 265 y 266.

ALTER EGO



Tengo que compartirles el reirme de mi misma. Aquí está una foto de lo que pude haber sido yo hace unos 50 años.

No paré de reír.