Quizá hasta hoy no nos habíamos percatado del gran peso que ocupa la ética protestante en el capitalismo: el trabajo como centro, como medida de salvación, como redención económica en la tierra y como manifestación de la plenitud humana.
Yo no sé qué tanto dista esta realidad de nosotros, pero en teoría para los hackers, el trabajo que ejecutan: el abrirse al mundo a través de softwares y aplicaciones y contenidos, es una diversión más que una bendición impositiva, lo cual es interesante.
Se trata de un respeto implícito por el trabajo de otros y un afán de mejorar, de volver más accesibles los sistemas y su uso.
En teoría suena bien, lo único malo es que como en el mundo real, hay buenos y malos, crackers y hackers, y aunque los segundos tienen claro que el desarrollar el mundo tecnológico al servicio de los demás es de por sí la razón de ser de sus actos, los primeros quieren terminar con todo, y tampoco se trata de eso.
Esto último me remitió a la película El Club de la pelea. Quizá sea todo un espejismo, y la supuesta apertura es otra manera de control y de obtener nuevas aplicaciones para manipular en un futuro, quizá el Internet es el headhunter, y la gratuidad y buena voluntad algún día se verán disueltas, y convertidas en flagelo impositivo, so pretexto de la ética hackeriana, todo puede ser.
Lo interesante es que la Sociología ya puso sus ojos en la tecnología, y viceversa, pues una no es sin la otra, me explico: sin seres humanos, no hay quien utilice tanto aparato, y tanto aparato, aún no tiene una capacidad volitiva del todo independiente de sus creadores.
Ya no me meteré a cuestiones de la creación y eso, aunque también habría que plantearlo desde esa perspectiva...