Odio el viento que te bombardea los ojos con basurillas.
En realidad, sólo odio a las basurillas.
Son molestas, irritan los ojos.
Por si fuera poco, se envuelven de lagañas, y se bañan de lágrimas.
No les basta con invadir la superficie córnea, corren en ella, se deslizan.
Son ingobernables, como este país y muchos otros.
¡He descubierto el hilo negro!
Somos basurillas.